miércoles, 12 de agosto de 2009
HA VUELTO LA BARBARIE (poema)
Jorge Luis Oviedo
Vieja,
Calva,
Terca,
Testaruda,
Muy testadura;
Sin memoria,
Sin conciencia,
Despiadada;
Terriblemente despiadada;
De largas uñas,
De afilados colmillos y
Sedienta de sangre,
Ha vuelto la barbarie.
Apertrechada como un tanque,
Recubierta de hojalata,
Con escudos,
Con metrallas,
Con garrotes,
Con estruendo,
Entre bombas lacrimógenas,
Mostrando garras y colmillos
Ha vuelto la barbarie.
Y como en los viejos tiempos
(Aquellos tiempos
Que parecían olvidados
En los rincones de los libros
En cenizas páginas,
En trastiendas recónditas)
Ha vuelto;
Se la puede ver durante el día,
De blanco almidonado
O de nítidos trajes azules
O de negro total;
Y encapuchada
Embiste como un toro de lidia,
Arremetiendo con instinto asesino,
Contra toda humana razón,
Contra todo cuerpo indefenso.
Y se la ve en el culto
Con las manos elevadas,
Clamando al cielo
O se la ve de rodillas
Frente al Cristo crucificado
Con traje clerical y de bonete rojo;
Antes de apretar el gatillo del fusil
Y destrozar una cabeza más.
La Barbarie ha vuelto
Y se apellida hoy:
Michelleti,
Canahuati,
Vásquez o Ferrari,
Como se apellidaba ayer:
Rosas,
Ubico,
Trujillo,
Carías o Somoza.
domingo, 26 de julio de 2009
Las más temibles,
Las más amadas.
Oh glorioso ejército de Honduras
Que tantas victorias tienes,
Contra indefensas creaturas.
Oh gloriosas Fuerzas Armadas
Que derrocando presidentes
Y reprimiendo a la más humilde gente
Son -del mundo- las más afamadas
Siempre han ganado la guerra,
Cuando se trata de derrocar
A un Presidente popular.
Cuando se trata de echar por tierra
Los sueños de un pueblo entero
Siempre madrugan primero
Para los sueños truncar.
Muy buenos con la bayoneta,
Magníficos con el fusil;
En junio como en abril
Y al son de la trompeta,
Hacen rodar las tanquetas
Sobre cualquier manifestante;
Y con sus eme diez y seis
Matan en un instante
Cuantas cabezas encuentren;
Por eso es que son valientes.
Aquellos que los adoran tanto,
Sin que les asome espanto,
Les derraman bendiciones
De sus dorados corazones;
Y con la vista elevada al cielo,
Mientras de rojo se tiñe el suelo,
Los pastores y los cardenales,
Al pueblo le predicen males;
Y lo llaman haragán
Y turba mal educada.
El mundo no ha conocido
Ejército más victorioso
Cuando de reprimir se trata
A un pueblo desprotegido
Desde mil novecientos cincuenta y seis
En dos cosas han triunfado
Traicionar al pueblo de Honduras
Y en dar golpes de Estado
domingo, 19 de julio de 2009
OPINION LIBRE
LA FUERZAS ARMADAS DE ANTAÑO NO LE TEMÌAN A LOS CAMBIOS
.
Oscar Amaya Armijo
Entre los años 1975 a 1978 ascendió al poder de la nación el general Alberto Melgar Castro, mediante un golpe de estado que le propinó al también general, Oswaldo López Arellano quien habiendo gobernado el país bajo la égida del reformismo burgués, había propuesto reformas para modificar tímidamente las estructuras productivas, sociales y políticas del país.
Habrá que agregar que ese régimen de López Arellano también se atrevió a tocar los intereses económicos de los Estados Unidos al imponer un impuesto de 50 centavos a las compañías bananeras, por cada caja de bananos exportados. Al igual que hoy, ante semejante acto de incuestionable actitud nacionalista, el Pentágono y el Departamento de Estado comenzaron a conspirar contra aquel gobierno.
Por supuesto, aquel intento de López Arellano (1972-1975) recibió una andanada de oposiciones por los mismos sectores oligárquicos que en la actualidad conspiraron y perpetraron el golpe de estado contra el régimen liberal de Manuel Zelaya Rosales. Aquella campaña fue tan rabiosa como la de ahora, y con similares argumentos: la amenaza del comunismo, fantasma al que acuden siempre para fomentar el terror y la represión.
En aquella ocasión, 1977 para ser exactos, disueltos los tres poderes del estado, y ante la creciente oposición popular, el General Melgar Castro, en un acto de inteligencia y astucia política, organizó una especie de constituyente, y sin consultar a nadie, al que denominó Consejo Asesor de la Jefatura de Estado(CADEJE), compuesto por representantes del movimiento popular, social y de los partidos políticos emergentes, dejando al margen a los partidos liberal y nacional, convertidos en verdaderas momias políticas.
Este consejo, dado el carácter de su composición interna, era profundamente progresista y proponía medidas a consideración de la Jefatura de Estado para que este órgano las aplicara. En realidad este ensayo era una continuación del propuesto por López Arellano, en un afán por mejorar a las grades mayorías desposeídas.
De esta especie de constituyente, se promulgaron una gran cantidad de leyes, sobretodo la propuesta de reforma electoral que cuatro años después (1982) contribuyó notablemente al surgimiento de la democracia representativa, esta misma que los actuales politicastros convirtieron en un remedo, en una caricatura.
En aquel tiempo, no hubo oposición a la organización en forma corporativa de aquella constituyente, ni campaña rabiosa ni muertos ni detenidos, y nadie habló de comunismo, y si bien es cierto que para esa ocasión otro general, Policarpo Paz García, había asestado otro golpe de estado a aquel gobierno militar, pero tomando como causa un recambio en el aparato estatal por parte un sector recalcitrante del bloque de poder dominante.
Se plantea esta relación de hechos para que la actual Junta de Comandantes, principales conductores materiales del actual Golpe de Estado en Honduras, se enteren de que antes que ellos, hubo oficiales, clases y soldados, que no le tuvieron miedo a los cambios, ni manifestaron ojeriza frente al fantasma trasnochado del comunismo, y actuaban con cierto barniz patriótico frente a los dictados imperiales.
De estos actos patrióticos, de sus antecesores jerarcas, deben aferrase aquellos oficiales, clases y soldados que aún guardan en su fuero interior cierta vergüenza por retrotraerse a épocas negadas por la historia. Desde siempre, lo saben los militares, que los conservadores y halcones del pentágono también actúan de espalda a la historia, negándole a la humanidad a vivir más dignamente.
Aun hay tiempo para reivindicarse frente al pueblo hondureño, para caminar por senderos más dignos, volver a la institucionalidad y, de una vez por todas, abandonar los atajos del oprobio y la represión.
martes, 30 de junio de 2009
LIBRE OPINION, especial
Jorge Luis Oviedo
En 1963, poco antes de cumplir 5 años, el 3 de octubre, en horas tempranas de la tarde irrumpieron, en dos camiones del ejército, medio centenar de soldados en la pequeña plaza de La Libertad Comayagua, mi pueblo natal, haciendo disparos con sus carabinas, cuyo plomo, los niños, recogimos después de las paredes de la iglesia católica, de la casa cural, de la casa de las monjas, de la alcaldía del municipio y de algunas casas vecinas, incluida la de mi padre, que hacía esquina con la pequeña plaza central de menos de una manzana.
Aquellas imágenes han vuelto a mi memoria, la única diferencia es que aquel día, junto con mi hermano mayor, jugábamos, en la acera de mi casa, de indios y vaqueros, con unas figuritas plásticas que salían en bolsas de diminutos confites (terrones de azúcar de colores) y que, impulsado por la curiosidad, abandonamos el sitio de juego, al escuchar las primeras descargas hechas a las paredes de los edificios ya mencionados, y corrimos a ver a los soldados de verdad, unos de los cuales nos gritó: “chitos”, váyanse de aquí”.
Segundos después viajábamos suspendidos, a veces rozando con la suela de nuestros zapatos, el empedrado de la calle: había sido mi madre que, instintivamente salió a ver y nos descubrió, a mi hermano y a mí, presenciando aquella escena que hoy ha vuelto a aparecer, cuando se reprimía a algunos miles de personas que se mantenía en las cercanías de Casa Presidencial quemando neumáticos o llantas como decimos en Honduras.
Los que hace unas pocas horas se quejaban de que en Honduras, si se hacía una encuesta de opinión para solicitar la instalación de una cuarta urna el día de las elecciones generales, previstas para el 29 de noviembre de este año, con el propósito de convocar a una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Constitución Política para el país, han hecho en lo que va del golpe propinado en la madrugada del domingo 28 de junio, lo que vaticinaban se haría en los gobiernos que surgiesen bajo una nueva constitución: reprimir a la población, perseguir y desaparecer periodistas, cerrar canales de televisión u obligarlos a cambiar su programación y, por supuesto, intimidar a la población civil con su despliegue de fuerza bruta.
Aunque el país entrase en los próximos días a una situación de calma, ésta no será más que el producto del temor y la prudencia de la mayor parte de la población, pero no porque se acepte voluntariamente a las autoridades usurpadoras.
Desafortunadamente en Honduras los partidos políticos no son instituciones verdaderamente representativas de la sociedad, sino instrumentos al servicio de las élites de poder económico, quienes han venido manejando el país a su antojo desde hace unas cuatro décadas. Basta revisar los apellidos de los principales actores políticos del país, estos se repiten, como en las antiguas monarquías, solamente que no se colocan el primero, segundo, tercero, etc. ; hay cerca de una decena de casos en que el abuelo, hace cincuenta años, el padre, hace una década, o incluso hoy, y los hijos, en este momento, son los diputados, alcaldes de las principales corporaciones municipales o bien ministros, embajadores o gerentes de entidades autónomas; o en otras ocasiones integrantes de comisiones especiales para hacer arreglos que postergan los problemas.
Junto o detrás de estas familias, que parecen formar parte del inventario fiscal de la Nación, están unas 10 familias que controlan más del 80% de los medios de comunicación masiva (radio, televisión, periódicos), quienes han hecho del hondureño promedio el ser más desarraigada del planeta, al grado de haberle dado al patriotismo hondureño la forma de un balón de fútbol.
Esas mismas familias son las dueñas de las dos compañías de telefonía móvil que primero se los otorgó permiso de operación en el país, a través de concesiones muy particulares; son también las que le venden al Estado Hondureño más de 400 mega wat por hora a un precio mayor del que el Estado lo vende y con el que se subsidia, en la práctica, la energía eléctrica de las maquilas, cuyos parques industriales son propiedad de estas pocas familias.
Honduras fue en las décadas del 60 y el 70 una hacienda de los militares, hoy es un Estado secuestrado por unas pocas familias que tienen a su servicio 4 partidos políticos, las Fuerzas Armadas, varias iglesias evangélicas, la mayor parte de los obispos católicos, a quienes les ubican familiares en el servicio exterior en instituciones gubernamentales.
Estas mismas familias obligaron al Estado hace unos 20 años a cerrar sus laboratorios de producción de medicamentos genéricos básicos, para controlar ellos las copras de medicinas que hacen los gobiernos; también redujeron la capacidad de respuesta del Estado en materia vial para responder las emergencias de la época lluviosa, cuando el ex presidente Rafael Callejas regaló una importante cantidad de equipo pesado donado por Japón, con menos de tres años de uso, con el objeto de facilitar la dependencia gubernamental de las constructores privadas.
Esta estrategia ha resultado tan eficiente para las constructoras que, desde esa época, todos los gobiernos no logran mantener en buen estado la red vial, aunque el presupuesto que se les asigna lo gastan a mitad del año fiscal; sin embargo, las constructoras privadas gozan de gran prosperidad.
Estas familias son las dueñas de las principales empresas exportadoras, las que ahogan con sus precios de intermediación a los productores locales de ahí que se opongan a cualquier tipo de consulta popular que signifique la pérdida de sus privilegios que si bien no los declaran divinos utilizan a algunos obispos y a los pastores evangélicos más prósperos para avalar la protección de sus negocios y sus formas de control.
Han acusado a la izquierda internacional de conculcar las libertades públicas y las garantías individuales y lo primero que han hecho es cerrar canales de televisión, saquear equipos, cortar el fluido eléctrico a todos loas canales de radio y t.v. independiente y obligarlos finalmente a transmitir otra programación. Algunos en protesta han dejado la señal de los espacios informativos sin imagen y sin audio, luego retornan con su programación musical o deportiva.
La radio Globo, la principal cadena independiente y desde donde transmitía Eduardo Maldnado, de una a cuatro de la tarde su programa Hable como Habla (en forma simultánea por canal 66), fue cateada, sus operadores golpeados, lo mismo que algunos periodistas y se los ha obligado a transmitir autocensurándose, de modo que no se puede informar de la real situación del país, ni se permite el acceso de la población para hablar libremente (característica esencial de las dos emisiones de Hable Como Hable en t.v. 66 y radio Globo) y de la emisora en sus informativos.
Desde el golpe de Estado de el 3 de octubre de 1963 no experimentábamos los niveles de brutal represión en el país.
A la comunidad internacional pedimos que no permitan que el país caiga más profundo, que nos ayuden para evitar un inminente baño de sangre y una anarquía sin precdente.
lunes, 22 de junio de 2009
PENSAMIENTO LIBRE (7)
O DE CUANDO EL RIO SUENA…
Jorge Luis Oviedo
No cabe duda que “Mel” Zelaya, electo para el período 2006-2010, se ha salido, por mucho y por voluntad propia, del modelo presidencial hondureño.
Prácticamente desde el inicio de su gestión, por tomar en cuenta las recomendaciones de una comisión creada para analizar el tema de la importación de los derivados del petróleo, desafió, el orden económico imperante en Honduras al convocar, contra el viento y la marea de los grupos de poder real, a una licitación, que se quedó a mitad del camino, por el contubernio (nada extraño en el país) de sectores políticos, empresariales y judiciales, para que el Estado, a través de la empresa ganadora de la licitación (de USA por cierto), importase los combustibles.
Desde esa primera aventura, al final de la cual, Mel Zelaya, salió victorioso, porque usó la oferta de la empresa ganadora en la licitación, como referente para establecer una nueva fórmula para el precio de los combustibles, los grupos de mayor poder económico del país, a través de los medios de comunicación que tienen a su disposición, dieron inicio a una campaña de desprestigio.
Lo que se denomina el cuarto poder en algunos países del mundo, en Honduras es una extensión más del poder real; ya que, hasta hace muy poco no existía debate a través de estos medios, sino el impulso recurrente de campañas orientadas a uniformar u homologar la opinión pública.
Se trata, los profesionales de la publicidad y la mercadotecnia, lo saben muy bien, de generar necesidades y de inducir opiniones, para que el consumidor, por una parte, y el ciudadano, por otra, den por bueno el orden establecido y, finalmente, consideren inapropiado cualquier otro orden o sistema, porque les trastoca la rutina.
A continuación y como una especie de paréntesis para reforzar lo que afirmo atrás, incluyo una cita, algo extensa, del lingüista y pensador norteamericano, una de las mentes más lúcidas del mundo, Noan Chomsky, profesor emérito de MIT (por cierto allí estudio don Jaime Rosenthal Oliva) y autor de numerosos libros y propiciador de una tendencia en el abordaje de la lengua que se conoce como Gramática Generativa Transformacional. La cita corresponde a una entrevista que, en Le Monde Diplomatique, le hiciera a Chomsky, el periodista francés, Daniel Mermet.
D.M. Cada vez que se le pregunta a un periodista estrella o a un presentador de un gran noticiero televisivo si sufre de presiones, si le ha pasado que lo censuren, él contesta que es completamente libre, que expresa sus propias convicciones. ¿Cómo funciona el control del pensamiento en una sociedad democrática? En lo que respecta a las dictaduras lo sabemos.
N. Chomsky “Cuando se les pregunta a los periodistas, responden inmediatamente: "Nadie me ha presionado, yo escribo lo que quiero." Es cierto. Solamente, que si tomaran posiciones contrarias a la norma dominante, ya no escribirían sus editoriales. La regla no es absoluta, desde luego; a mí mismo me sucede que me publiquen en la prensa norteamericana, Estados Unidos no es un país totalitario tampoco. Pero cualquiera que no satisfaga ciertas exigencias mínimas no tiene oportunidad alguna de alcanzar el nivel de comentador con casa propia.Es por otra parte una de las grandes diferencias entre el sistema de propaganda de un Estado totalitario y la manera de proceder en las sociedades democráticas. Exagerando un poco, en los países totalitarios, el Estado decide la línea que se debe seguir y luego todos deben ajustarse a esta. Las sociedades democráticas operan de otro modo. La "línea" jamás es enunciada como tal, se sobreentiende. Se procede, de alguna manera, al "lavado de cerebros en libertad". E incluso los debates "apasionados" en los grandes medios se sitúan en el marco de los parámetros implícitos consentidos, los cuales tienen en sus márgenes numerosos puntos de vista contrarios. El sistema de control de las sociedades democráticas es muy eficaz; instila la línea directriz como el aire que respira. Uno ni se percata, y se imagina a veces estar frente a un debate particularmente vigoroso. En el fondo, es mucho más rendidor que los sistemas totalitarios.Tomemos por ejemplo el caso de Alemania a comienzos de los años 30. Tenemos tendencia a olvidarlo, pero era entonces el país más avanzado de Europa, estaba a la cabeza en materia de arte, de ciencias, de técnicas, de literatura, de filosofía. Después, en muy poco tiempo hubo un retroceso completo, y Alemania se volvió el Estado más mortífero, el más bárbaro de la historia humana.Todo aquello se realizó destilando temor: de los bolcheviques, de los judíos, de los norteamericanos, de los gitanos, en síntesis, de todos aquellos que, según los nazis, amenazaban el corazón de la civilización europea, es decir los "herederos directos de la civilización griega". En todo caso era lo que escribía el filósofo Martin Heidegger en 1935. Ahora bien, la mayoría de medios de comunicación alemanes que bombardearon a la población con mensajes de este género usaron las técnicas de marketing puestas a punto… por los publicistas norteamericanos.No olvidemos cómo se impone siempre una ideología. Para dominar, la violencia no basta, se necesita una justificación de otra naturaleza. Así, cuando una persona ejerce su poder sobre otra -trátese de un dictador, un colono, un burócrata, un marido o un patrón-, requiere de una ideología que la justifique, siempre la misma: esta dominación se hace "por el bien" del dominado. En otras palabras, el poder se presenta siempre como altruista, desinteresado, generoso.En los años 30, las reglas de la propaganda nazi consistían, por ejemplo, en escoger palabras simples, repetirlas sin descanso, y asociarlas a emociones, sentimientos, temores. Cuando Hitler invadió los Sudetes (en 1938), fue invocando los objetivos más nobles y caritativos, la necesidad de una "intervención humanitaria" para impedir la "limpieza étnica" sufrida por los germanófonos y para permitir que todos pudieran vivir bajo el "ala protectora" de Alemania, con el apoyo de la potencia de más avanzada del mundo en el campo de las artes y de la cultura.En materia de propaganda, si de cierta manera nada ha cambiado desde Atenas, ha habido por lo menos cantidad de perfeccionamientos. Los instrumentos se han afinado mucho, en particular y paradojalmente en los países más libres del mundo: el Reino Unido y Estados Unidos. Es allí, y no en otro lado, donde la industria moderna de relaciones públicas, es decir la fábrica de la opinión, o la propaganda, nació en los años 1920.Efectivamente, esos dos países habían progresado en materia de derechos democráticos (voto de las mujeres, libertad de expresión, etcétera) a tal punto que la aspiración a la libertad ya no podía ser contenida solo por la violencia del Estado. Viraron, pues, hacia las tecnologías de la "manufactura del consentimiento". La industria de las relaciones públicas produce, en sentido literal, consentimiento, aceptación, sumisión. Controla las ideas, los pensamientos, los espíritus. En relación al totalitarismo es un gran progreso: es mucho más agradable sufrir una publicidad que encontrarse en un cuarto de torturas.”
Esta fabricación de opiniones que se hace desde los medios, en un país como el nuestro tiene una respuesta distinta en la población, porque se trata de una realidad social diferente.
Sin embargo, no por arte de magia, sino por efecto de otras circunstancias, que los diseñadores de campañas publicitarias y sobre todo de propaganda contraria al gobierno de turno, han pasado por alto, Mel Zelaya, ha logrado, como salmón que busca el sitio de procreación, ir saltando más alto que la corriente y sorteando todos los obstáculos, imponiendo su agenda de “improvisaciones”, que no es otra que aquella que pone nerviosos, molestos y sorprendidos a los que forman el poder real del país, y a aquellos otros que los justifican con sus razones pensadas en la “absoluta libertad” de sus mentes acomodadas a ese orden establecido.
A menos de 8 meses del fin de su período gubernamental “Mel” Zelaya goza de enorme simpatía en sectores marginales, lo que algunos denominan “pueblo pueblo”, como no había ocurrido a ningún otro presidente, desde que retornamos a los procesos electorales, en 1980.
Parece ser que la última opción que les queda a los grupos de poder real en Honduras, agotada la vía de la Fiscalía y del Poder Judicial, es, a través del Congreso, declarar loco, incompetente, demente, desquiciado, entre otros apelativos relativos a la pérdida del juicio, a Mel Zelaya, para hacerlo a un lado.
Sin embargo, parece que muy tarde se dieron cuenta de lo que estaba pasando en el país, sobre todo, en pueblos y aldeas que no conforman el promedio de los principales centros urbanos.
La creación de entidades de facto, como frentes cívicos y otro tipo de organizaciones defensoras de la Constitución y el celo, diríase maternal, que han puesto en defenderla y en declarar desquiciado al Presidente y acusarlo de populista, demente, mentiroso, continuista, mesiánico evidencia la preocupación que tienen estos sectores del poder y aquellos que lograron una cómodo inserción en él como políticos, funcionarios en distintos gobiernos o como voceros “autorizados” para generar opinión y vender crisis o miedo, cuantas veces ha sido necesario.
Se trata del mismo grupo que en 1975 logró detener las reformas que se impulsaron con López Arellano, desde diciembre de 1972, al hacer que renunciara como consecuencia del soborno que la United Brands pagó, para que no se cobrara un dólar por caja de banano exportado, sino cincuenta centavos, como quedó establecido.
Pero el fondo del asunto no era sanear el gobierno, pues unos años después, a través de los nuevos jerarcas militares, un pequeño número de empresarios, recibiría fondos externos a través de la CONADI, que luego pagaría el resto de los hondureños, como ha ocurrido en otras ocasiones. Como sucede actualmente con la Energía eléctrica, pues la clase media paga la factura de la generación térmica.
En Honduras hay un tipo socialización de la riqueza que todavía no tiene un nombre bien definido; pero que consiste en que una gran cantidad de ciudadanos socorren o subsidian a unos pocos “inversionistas”.
Creo que no existe ningún otro país en el qué, aprovechando el Congreso Nacional, donde la mayoría de diputados no entienden lo que aprueban, se haya hecho un atraco tan descarado e hipócrita, como el de obligar al Estado a comprar energía eléctrica generada con combustibles fósiles, sin ninguna necesidad. Pues lo único que tenía que hacer es Estado era cobrar peaje por el uso de las líneas de transmisión.
Las necesidades eléctricas de los parques industriales las podían y las pueden resolver los propios empresarios; pero el fondo del asunto era subsidiarlos, haciendo que otros, en vaca, paguen la factura. Esa es la verdad.
El atraco que se hace con la energía eléctrica es legal, como legal era el régimen colonial en Centroamérica hasta el 14 de septiembre de 1821.
Sin embargo un grupo de aquellos criollos se dieron cuenta y, antes que se produjera un innecesario baño de sangre, declararon la independencia.
No parece tener el poder real hondureño las suficientes mentes lúcidas y se están enfrascando en un legalismo (que ellos jamás han creído y que, como dicen en los pueblos, se lo pasan por las verijas) que se asemeja, su fragilidad, al de un cayuco en medio de una tempestad caribeña.
“Mel”, loco de atar, como don Quijote, por enfrentarse, desde una moto, a una fuerza más poderosa que los molinos de viento; tan loco y romántico como Morazán, por haber desafiado el poder real de aquella época con sus atrevidas y revolucionarias reformas; “Mel”, de ascendencia criolla como Valle y Froilán Turcios, aunque parece que, finalmente, como todo el que se mete a redentor, terminará crucificado, ha abierto una fisura en el muro de la inercia, en el muro del orden establecido de la sociedad hondureña que, desde hace décadas, no se estremecía.
Es bueno recordar que en la madrugada del 15 de septiembre de 1821, un grupo de ciudadanos españoles de ultramar, en Guatemala, proclamaron la IDEPENDENCIA DE CENTROAMERICA. En España tal acto no tuvo reconocimiento, pues se lo consideraba ilegal, como ilegal se habían considerado las demás declaraciones de independencia y sus respectivas acciones armadas que habían tenido lugar en México o en América del Sur, años antes que la de Centroamérica.
Era claro que para los ciudadanos centroamericanos aquella ilegalidad era necesaria, porque la independencia se considera justa y legítima. España finalmente, ante la imposibilidad de someter tantas provincias, terminó por reconocer, aunque pasados los años, la legitimidad de aquellos acontecimientos.
La historia de la humanidad abunda en ejemplos similares. La Europa de los tiempos modernos muestra decenas de casos.
La historia de las leyes en la humanidad nos muestra que éstas las han impuesto las clases o grupos poderosos sin consultar, en lo más mínimo, a sus esclavos o sirvientes, ni a los demás ciudadanos, libres (sólo de palabra) pero esclavos del abuso y la costumbre, la mayoría de veces, para gobernar a su antojo.
En Asia, en Europa, en el Medio Oriente o en América no hubo rey que no dejara de afirmar que descendía directamente de los dioses o que de él le venía su poder.
Las sequías, las plagas o las epidemias se encargaban, en aquellos tiempos, de demostrar lo contrario; y de acabar, en la mayoría de casos, con imperios poderosos, como el egipcio o el maya.
Desafortunadamente muchos de los que se vuelven poderosos en el mundo (por sus riquezas y sus nexos con jerarcas políticos, militares y religiosos) creen que la utilidad de la historia está en recordar fechas y no en aprender de los errores de los antepasados.
Entre más comprendemos lo que ocurrió en los pasados siglos, mejor preparados estamos para entender el presente y construir un futuro más digno, más justo, más legítimo; por eso, precisamente ya no se aplican muchos de aquellos códigos de la antigüedad.
Hay quienes están empujando (y son los menos, los que siempre han sacado mayor provecho de las riquezas del país) a los hondureños a una confrontación inevitable; creen que con seguir elevando sus murallas, tupiendo sus alambradas y blindando sus automóviles todo irá por buen camino.
Que los animales marquen su territorio con orina o con sus excrementos y lo defiendan de sus intrusos con la vida es normal; pero que los seres humanos pretendamos mantener a toda costa nuestros privilegios, mientras alrededor son más los marginados y los indigentes, es una aberración.
Por eso, mientras las naciones más desarrolladas del mundo hacen fuera del espacio terrestre estaciones espaciales y colaboran en muchas otras actividades de interés para la especie humana y para toda la naturaleza, en Honduras, los más apasionados defensores del Statu Quo, se esmeran, como los antagonistas maléficos de los relatos fantásticos, en negarle participación a los desheredados; no porque vayan a compartir parte de sus bienes acumulados ( justa o injustamente), sino, porque, ni siquiera se los quiere consultar.
Concluyo con estas citas de don José Cecilio del Valle, a quien muchos de los hombres influyentes del país, solamente lo conocen por el grabado que se reproduce de él en el billete de cien lempiras: “La base indestructible de un gobierno sólido es el mayor bien posible del mayor número posible. Si no han durado los Gobiernos de Europa, si se han sucedido unos a otros levantándose los segundos sobre las ruinas de los primeros es porque se ha olvidado aquel principio, es porque las legislaciones tienen el sello de la clase que las ha dictado, es porque en todas se advierte que no han sido formadas por el pueblo o sus representantes, es porque tienden a la elevación y riqueza del mínimo y a la depresión y miseria del máximo.
No son justas ni posibles que lo sean las leyes que obligan al máximo de la población y dejan en libertad al mínimo; las que exoneran de cargos a unos individuos y las hacen gravitar sobre los demás. Las que declaran pecheros a los infelices y exentos a los demás poderosos; las que llaman al goce de gracias y empleo a las clases favoritas y excluyentes de ellos a los que no lo son…
Tampoco pueden ser justa las leyes que no atienden al bien de todos o del mayor número posible; las que conceden privilegios exclusivos, las que sostienen o hacen nacer el monopolio, las que levantan a unos sobre los cadáveres de los demás. …jamás será creíble que los pueblos quieran deprimirse a sí mismos para elevar de un modo injusto al menor número.
jueves, 14 de mayo de 2009
CRONICA DEL ESTORNUDO, Jorge Luis Oviedo
don Bernal Noches,
el más atrasado de todos y cuantos
conquistadores y colonizadores a las Indias Occidentales han llegado.
Refiérese esta crónica mía a los efectos demoledores del estornudo, y cómo usáronlo sin saberlo nuestros adelantados como efectiva arma biológica en la conquista del nuevo mundo, que, por cierto, ya algo viejo era.
Desatádose ha por estas indias occidentales, en la parte que llamábase en época de los adelantados, Nueva España, ahora México, que como sabido es conócese mucho estos mexicanos por sus corridos y rancheras, que unas canciones son con letra que viene del romance, que trajéronlo los Cortés y demás que conquistáronlos en un zas hace unos quinientos años.
Y aquí es donde viene la verdadera, en este caso más verdadera que aquella otra de mi tocayo Bernal Díaz, que llamóla a su crónica, extensa como el Quijote, Verdadera Historia de lo sucesos de la conquista de la Nueva España, que publicose en 1580, cuando era yo aún polvo de cometa o de meteorito o acaso ceniza de algún volcán apagado.
Y no es que verdadera no fuese la historia contada por mi tocayo, pues más mucho éralo que la de aquella otra historia de López de Gómara, que escribió de la Nueva España sin estar en ellas y por cuentos de unos que parece que más eran de la retaguardia que de la vanguardia y que inventaban más que referían las sus penalidades; puso allí el López de Gómara historias mitológicas de Europa, como lo de los antípodas, o se los que patas arriba caminan, y de la amazonas, sin tales haber en ninguna parte de América y otras nada verdaderas historias; por eso mi tocayo contestóle con la su crónica, para poner en orden las cosas más.
Pero lo que no contó con detalle mucho, sino de pasada, Bernal y los demás de aquella época, es como lo estornudos más beneficiosos resultaban que los arcabuces, las espadas, la corazas, los penachos, las lanzas y la fuerza de los sus caballos y los sus lebreles cazadores de animales o gentes.
Y esto compréndese más ahora, porque sin vuelos haber, excepto los de las aves, los apreciados de las palomas mensajeras para enviar recados a pequeñas distancias, pero no al otro lado del atlántico, que por eso don Cristóbal Colón, regresóse para dar la noticia de su descubrimiento y con muestras de indios e indias y, especialmente de oro, para la Reina (doña Isabel, la Católica) entusiasmar.
Pues que como dice el refrán: Suerte te dé Dios, el saber nada te importe, los adelantados descubrieron luego que más efectivos que sus espadas, los estornudos eran; pues los tales indios, aunque fuertes fueran, bien comidos de peces estuvieran, como los del Caribe, cuando la gripe de los españoles dábales, caían como los europeos con la peste negra o el cólera y otras muchas pestes que en la Edad Media tuvimos y que mortandades causaron.
Que no sábase, eso sí, de quien fue el primer estornudo que comenzolo todo, si de Rodrigo de Triana, resfriado por tanto mirar la lejanía para ver si divisaba tierra, o del propio Cristóbal Colón, preocupado como estaba por tierra no divisar después den tantas semanas de andar y andar por el ancho mar.
Sábase, sí, que en menos de tres décadas ni un indio solo del Caribe quedaba en pie como efecto de los estornudos, pues no es sólo que miles murieran, sino que absolutamente todos, hasta quedar extintos, como muchas especies de animales también, pero en este caso humanos eran, y de centenares de etnias distintas; que del su rastro sólo nombres de lugares, plantas y animales quedado han.
Dígolo ahora con retraso mucho, pero como la más verdadera de todas las verdades dichas de estos territorios y de cómo nuestros adelantados, los conquistadores, tan héroes no fueron, sino muy estornudadores y con ello muy propagadores de pestes nuevas que muertes causaban por millares, hasta dejar las islas de gentes despobladas, digo, para hacérsela fácil a los Robinson Crusoe; aunque esto por un tiempo, porque pobladas luego fueron por los esclavos africanos que trajeron por montones para poblar tanto espacio vacío que quedado había y, como sabido es, ingleses, sobre todo, pero también franceses y holandeses aprovecharon el despoblado de aquellas islas y aallí hacer los sus campamentos y sus planificaciones para robarle a nuestra embarcaciones el oro y plata que quitado el habíamos a los indios de tierra firme nosotros, nuestros antepasados conquistadores y colonizadores, digo.
Hay, en estos días, con tanta gente hablantisca en el mundo de radio y la televisión y todas las tecnologías informáticas y los tabloides sensacionalistas y tantas muchas cosas, una tal gripe porcina, que algunos dicen que de todas las gripes, es la más cochina, yo no créolo, por lo que dicho he, pues gripes como aquellas, que junto con las ratas y otras cosas los adelantados trajeron, para matar tanta gente de la noche a la mañana no vuelto se ha a registrar en los libros de historia de la humanidad toda.
Y repítolo: Suerte te dé Dios… pues fue lo que tenido han los adelantados frente a los indios de estas tierras, que si no, la pólvora de sus arcabuces ni sus espadas ni sus perros ni sus caballos ni todo lo demás hubiese bastado, siendo tan pocos, como éranlo, para conquistar tan ricos y poblados mundos como el azteca en México o el reinado quechua en el Perú, en tan elevadas cumbres como las que Atahualpa habitaba con su hermano.
Como bien dícelo un poeta que los andaluces caballos exalta, no han sido los guerreros solamente los que hicieron la conquista de las selvas y los andes … y hoy dígolo yo , sin quererlo y sin saberlo, los adelantados, adelantándose han las armas químicas y biológicas de estas épocas modernas; y sin ántrax y otras pestes encapsuladas por gobiernos que la guerra estúdianla y preparanla, para mandando mantenerse, los españoles conquitamos en aquellos tiempo idos, del mil y quinientos, con tos y estornudos, más mundo que los romanos con su espada o los gringos con sus armas satelitales y sus misiles de alcance largo.
Y aunque heroica no fue esta conquista, efectiva sí; y muy más que la gripe porcina, que explicado como he, no puede ser entonces, como dícelo una copla, la gripe más cochina; sino que una gripe más, como la de cualquier vecina.
Por hoy no digo más, hablaréles luego de otros asuntos menos contagiantes en lo biológico, aunque mucho en lo político y de cómo entretiénense estos hondureños hablando mucho y haciendo poco.
miércoles, 22 de abril de 2009
¿UN DÍA DESPUES O QUINIENTOS AÑOS ATRAS?
Para entender los debates que se producen en Honduras hay que tener conciencia de la sociedad en que vivimos, aunque algunos hagamos uso, por necesidad o mero placer de las más avanzadas tecnologías, la mentalidad que prevalece en nuestra sociedad es marcadamente mágica, esto es, mayoritariamente se deja llevar, como el ciego, por su lazarillo, con enorme docilidad, aceptando o dando por válidas aquellas explicaciones que sirvieron a sus bisabuelos hace cien, doscientos o quinientos o más años.
Con decir está escrito en la Biblia o lo dijo fulano, un fulano que se ha erigido como conductor de masas desde la religión o la política o desde ambas actividades (que ciertamente tienden a ser muy similares) las personas de pensamiento sencillo, es decir, aquellos que tienen dificultad para interpretar hechos o, todavía más grave, cierto tipo de discursos o discusiones teóricas; encuentran como más práctico no complicarse la vida (la mente, en el pensar y el actuar) y por ello adoptan el dogmatismo y no la racionalidad para asumir la conducción de sus vida.
Con este tipo de mentalidades no se puede debatir, es imposible, porque todo lo que es contrario a su verdad reveleda por las divinidades a mortales especiales, como los santos o los jefes religiosos, confunde, causa duda o espanto, ruptura con la tradición; por tanto es inaceptable.
Ante la falta de racionalidad, de explicaciones lógicas y del conocimiento comprobable de la realidad, suceden hechos como los que se producían en la Europa Medieval o en la América Colonial. Entonces no era extraño enjuiciar perros, gatos, ratas, cerdos, burros y otros animales domésticos que provocaban daños físicos o materiales a la personas. Por otra parte, a los suicidas se los castigaba, como se haría con un criminal vivo de la peor calaña. Para mera ilustración de los lectores veamos este pasaje que brinda Rafael Heliodoro Valle, en uno de sus muchísimos libros: “El suicida no era sepultado en campo-santo. Tal Sucedió en 1649 cuando en la cárcel de Conté un portugués, que había matado a un alguacil, fingiéndose enfermo se bajó a las secretas, y se suicidó mientras oían misa los otros reos: como era día de Santo Tomás castigaron el cadáver montándolo en una mula, y, a voz de pregonero y ruido de trompeta que proclamaban su delito, lo pasearon así por la calle del Reloj y frente a las casas arzobispales, sosteniéndolo un indio que iba a las ancas; y luego lo llevaron a la horca pública donde fue ejecutado con las ceremonias que se empleaban al ahorcar a los vivos (menos la presencia del crucifijo), y allí lo dejaron muchas horas, habiéndolo bajado los ministros de justicia que lo arrojaron a la albarrada después de que lo apedrearon los muchachos de la vecindad, mientras hacía aire fuerte y el polvo se arremolinaba en la ciudad, y haciéndole cruces lo creían Satanás.” (Rafael Heliodoro Valle, El Espejo Historial).
No está de más recordar que en aquellos agitados días en que Morazán vio fracasar su intento por mantener unida Centro América, junto con quienes lo acompañaban en tal empeño, el clero opositor hizo creer a la masa más ignorante, especialmente de Guatemala, que la propagación del cólera que estaba provocando estragos en la población era consecuencia del envenenamiento de los ríos que habían realizado Morazán y sus seguidores.
En el pensamiento, pues, de muchas personas no hay antes ni después, sino tiempo muerto, ideas que se aceptan porque ya otros, sin saber por qué ni cómo, las dieron por válidas y con eso basta.
En Honduras no se debate, se grita, se gesticula, se prodiga una verborrea de tal calibre que, es muy posible, que la saliva que se gasta en las radios y las televisoras, bien podría servir para dar riego a unos cien mil hectáreas de hortalizas durante la época seca.
El debate sólo es posible en pequeños círculos académicos donde esta dinámica se aprecia y se practica con tolerancia, respeto y pasión; sin que la pasión caiga en ese extremismo de algunos o algunas que están de acuerdo con el pluralismo, siempre que no sea contrario a lo que ellos o ellas piensan o proclaman; muy similar, por cierto, al pluralismo de un ex general hondureño que aceptaba la pluralidad de tendencias ideológicas siempre que fueran anticomunistas.
Así, la Constitución de Honduras, es decir su declaración de principios, sólo tiene sentido cuando no violenta las creencias de algunos sectores; pues aunque se diga que el Estado hondureño es laico y que existe la libertad de culto, la libertad de expresión, desde el Congreso Nacional se hace lo contrario de lo establecido en la Constitución de la República, es decir, en la declaración de principios, puesto que se aplasta la libertad de conciencia, de la cual deriva, como es bien sabido, la libertad de culto, la libertad de expresión y todas las demás libertades que un ser humano puede ejercer.
